Tipos de crisis: una guía en lenguaje sencillo
No todas las crisis son iguales. Algunas provocan sacudidas llamativas, mientras que otras parecen solo una breve pausa o un pequeño tirón muscular. Conocer los principales tipos de crisis te ayuda a describir lo ocurrido, entender tu diagnóstico y llevar un registro preciso.
Por qué importa la clasificación
Una crisis es una descarga repentina de actividad eléctrica anormal en el cerebro. Los médicos agrupan las crisis en tipos porque el tipo guía casi todo lo que viene después: qué pruebas pedir, qué medicamentos anticrisis tienen más probabilidades de funcionar y qué consejos de seguridad aplican a la vida diaria. Dos personas pueden decir “tuve una crisis” y referirse a eventos muy distintos. Un sistema de nombres compartido, desarrollado por la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE), da a pacientes, cuidadores y médicos las mismas palabras para los mismos eventos.
Focal o generalizada: dónde empieza la crisis
La primera pregunta, y la más importante, es en qué parte del cerebro comienza la crisis.
Una crisis focal empieza en una zona de un solo lado del cerebro. Su aspecto depende de la función normal de esa zona. Si empieza en un área que controla el movimiento de la mano, la mano puede sacudirse. Si empieza en un área relacionada con el olfato o la memoria, la persona puede notar un olor extraño o una sensación repentina de déjà vu.
Una crisis generalizada involucra desde el principio redes de ambos lados del cerebro. Como participa tanta parte del cerebro a la vez, estas crisis suelen afectar la conciencia y, a menudo, todo el cuerpo.
A veces una crisis empieza como focal y luego se extiende por el cerebro. Los médicos la llaman crisis focal que evoluciona a tónico-clónica bilateral. Puede verse idéntica a una crisis tónico-clónica generalizada, y por eso una descripción detallada de los primeros segundos es tan valiosa.
Crisis focales conscientes
En una crisis focal consciente, la persona permanece despierta y consciente todo el tiempo. Puede sentir una sensación que sube por el estómago, hormigueo, miedo repentino o un sabor u olor inusual, o una parte del cuerpo puede ponerse rígida o sacudirse. Normalmente recuerda el evento después y puede describirlo. Estas crisis suelen ser cortas, de menos de 2 minutos. Como desde fuera la persona parece “estar bien”, las crisis focales conscientes pasan fácilmente desapercibidas, pero también cuentan y tienen su lugar en tu registro de crisis.
Crisis focales con alteración de la conciencia
En una crisis focal con alteración de la conciencia, la conciencia se nubla o se pierde durante parte del evento o todo él. Un observador puede ver que la persona se detiene de golpe, se queda con la mirada perdida y no responde cuando le hablan. Muchas personas hacen movimientos automáticos repetidos, llamados automatismos: chasquear los labios, masticar, manosear la ropa o deambular. Después, la persona suele estar confundida o cansada durante minutos u horas y normalmente no recuerda la crisis. Estos eventos a veces se confunden con estar distraído o con una intoxicación, lo que puede retrasar el diagnóstico.
Tipos comunes de crisis generalizadas
Las crisis tónico-clónicas son lo que la mayoría imagina al oír la palabra “crisis”. La persona pierde el conocimiento, el cuerpo se pone rígido (fase tónica) y luego las extremidades se sacuden de forma rítmica (fase clónica). La respiración puede sonar dificultosa, y la persona puede morderse la lengua o perder el control de la vejiga. La mayoría de las crisis tónico-clónicas terminan por sí solas en pocos minutos, seguidas de mucho sueño y confusión. Una crisis tónico-clónica que dura más de 5 minutos es una emergencia médica: llama a los servicios de emergencia.
Las ausencias son episodios breves de mirada fija y falta de respuesta, que suelen durar solo unos segundos. La persona se detiene en plena actividad, puede parpadear o mover rápido los párpados, y luego continúa como si nada, sin recuerdo del lapso. Son más comunes en niños y pueden ocurrir muchas veces al día. A veces los profesores las confunden con falta de atención.
Las crisis mioclónicas son sacudidas musculares repentinas y muy breves, como una pequeña descarga eléctrica. Suelen afectar los brazos o los hombros y pueden hacer que la persona suelte lo que sostiene. Con frecuencia ocurren poco después de despertar. Una sacudida dura menos de un segundo y la conciencia suele conservarse.
Las crisis atónicas hacen lo contrario: los músculos pierden de repente todo su tono. La cabeza puede caer hacia delante, o todo el cuerpo puede desplomarse al suelo. A veces se les llama ataques de caída. Son cortas, pero las caídas pueden causar lesiones, por lo que a las personas con crisis atónicas frecuentes a veces se les recomienda usar un casco protector.
El aura: el inicio de una crisis focal
Muchas personas describen un aura, una sensación de aviso que aparece antes de una crisis mayor. Un aura es en realidad el comienzo de una crisis focal, vivida mientras la conciencia sigue intacta. Las auras comunes incluyen una sensación que sube por el estómago, olores o sabores extraños, cambios visuales, un déjà vu intenso o ansiedad repentina. Las auras importan por dos razones: pueden darte tiempo para ponerte en un lugar seguro, y sus detalles ayudan a los médicos a localizar en qué parte del cerebro empiezan las crisis. Registrar tus auras, incluso cuando no les sigue una crisis mayor, da información útil a tu equipo médico.
Por qué ayuda conocer tu tipo de crisis
Tu tipo de crisis define tu plan de tratamiento, porque algunos medicamentos anticrisis funcionan bien para las crisis focales y otros para las generalizadas. También define tu registro. En Epilepsy Mate puedes anotar cada evento por tipo — tónico-clónica, focal consciente, focal con alteración de la conciencia, ausencia, mioclónica o atónica — para que los patrones se hagan visibles con el tiempo. Un registro que muestra qué tipos ocurren, cuándo y con qué desencadenantes ayuda a tu médico a valorar si tu plan actual está funcionando.
Cuándo hablar con tu médico
Habla con tu médico si tus crisis cambian de tipo, duración o frecuencia, si notas auras nuevas o movimientos nuevos durante los eventos, o si no estás seguro de qué tipo tienes. Lleva tu registro de crisis a las citas. Nunca cambies ni dejes tu medicamento por tu cuenta. Y recuerda la regla de emergencia: cualquier crisis que dure más de 5 minutos, o crisis que se suceden sin recuperación entre ellas, necesita atención de emergencia inmediata.