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Las crisis focales explicadas: conscientes, con conciencia alterada y su propagación

Epilepsy Mate no es un producto sanitario y no ofrece consejo médico. Consulta siempre a tu médico sobre tu tratamiento.

Una crisis focal puede ser tan sutil como un olor extraño o tan llamativa como una convulsión de todo el cuerpo, lo que la convierte en el tipo de crisis que más se malinterpreta. Este artículo examina de cerca cómo funcionan las crisis focales, qué se siente desde dentro y qué se ve desde fuera.

Un pequeño punto de partida

Una crisis focal comienza en una sola zona de un hemisferio, es decir, una mitad del cerebro. Imagina el cerebro como una ciudad y una crisis como una subida de tensión: una crisis generalizada golpea toda la ciudad de golpe, mientras que una crisis focal empieza en un solo barrio. Los síntomas dependen de lo que ese barrio hace normalmente: una zona que procesa el olfato produce un olor fantasma; una zona que mueve una mano hace que se sacuda. Por eso no hay dos personas que describan sus crisis focales exactamente igual.

Después, los médicos preguntan si la conciencia se mantuvo intacta durante el episodio: la respuesta divide las crisis focales en dos grandes grupos.

Crisis focales conscientes: qué se siente desde dentro

Durante una crisis focal consciente, la persona permanece plenamente despierta y suele poder describir el episodio después. Mucha gente conoce estos episodios como auras. Un aura no es un aviso previo a una crisis: es una crisis, una pequeña, vivida con la mente clara.

Estas experiencias se agrupan en unas pocas grandes familias. Las experiencias sensoriales incluyen un hormigueo que sube por un brazo, luces parpadeantes, zumbidos, olores fantasma como el de goma quemada, o un sabor metálico. Las experiencias emocionales llegan sin ningún motivo: una oleada repentina de miedo, una alegría inexplicable, o una intensa sensación de déjà vu, la impresión de que este mismo momento ya ha ocurrido antes. Las experiencias autonómicas afectan a funciones del cuerpo que no controlamos a voluntad: una sensación que sube desde el estómago hacia la garganta, el corazón acelerado, sudoración o piel de gallina.

Estos episodios suelen ser breves, a menudo bastante menos de 2 minutos. Como puede que nada sea visible desde fuera, mucha gente pasa años sin mencionarlos. Aun así, tienen su lugar en tu registro de crisis: cada uno es actividad epiléptica real, y sus detalles señalan dónde comienza la crisis en el cerebro.

Crisis focales con conciencia alterada: qué ve un testigo

Cuando la actividad de la crisis afecta a redes más amplias, la conciencia se enturbia o se pierde. La persona no está dormida ni inconsciente: se encuentra en un punto intermedio, presente en cuerpo pero sin responder del todo.

Un testigo suele ver que la persona se detiene a mitad de una acción y mira fijamente al vacío, como si se hubiera apagado un interruptor. Puede que no responda cuando le hablan, o que responda con palabras que no encajan. Con mucha frecuencia aparecen automatismos: movimientos repetidos y sin sentido que la persona no controla, como chasquear los labios, hacer movimientos de masticación, manosear botones, pellizcar la ropa o deambular. El episodio suele durar de 1 a 3 minutos, seguido de confusión o un cansancio profundo que puede durar mucho más.

Lo más difícil de entender para los familiares: la persona casi nunca recuerda la crisis. Solo puede notar un tiempo perdido. Si presencias estos episodios, tu descripción quizá sea el único relato que existe.

Cuando una crisis focal se propaga: de focal a bilateral tónico-clónica

A veces la tormenta eléctrica no se queda en su sitio. Se propaga por ambos hemisferios y desencadena una crisis tónico-clónica: el cuerpo se pone rígido, las extremidades se sacuden de forma rítmica y se pierde la conciencia. Los médicos lo llaman crisis focal a bilateral tónico-clónica.

Desde fuera, la convulsión puede parecer idéntica a una crisis tónico-clónica generalizada que afectó a ambos lados desde el primer segundo. La diferencia importa muchísimo, porque algunos medicamentos anticrisis funcionan mejor en la epilepsia focal mientras que otros se adaptan a la generalizada, y la elección de más pruebas también cambia. Las pistas de un inicio focal incluyen un aura antes de la convulsión, la cabeza o los ojos girando hacia un lado, o sacudidas que empiezan en una extremidad antes de extenderse. Si observas esos primeros segundos, anótalos: pueden cambiar el diagnóstico.

Por qué la región de origen moldea la crisis

Las crisis del lóbulo temporal son la forma más frecuente. Los lóbulos temporales, a los lados del cerebro, se encargan de la memoria, las emociones, el olfato y el oído. Las crisis que empiezan aquí suelen traer déjà vu, miedo repentino, una sensación que sube del estómago u olores extraños, y a menudo continúan con la mirada fija y automatismos de chasquido de labios o manoseo.

Las crisis del lóbulo frontal proceden de la región detrás de la frente, que planifica el movimiento. Tienden a ser cortas, bruscas y a menudo ocurren durante el sueño. Pueden provocar sacudidas repentinas, movimientos de pedaleo con las piernas o posturas extrañas, y resultan tan inusuales que a veces se confunden con pesadillas o episodios fingidos.

Las crisis del lóbulo occipital comienzan en el centro de la visión, en la parte posterior de la cabeza. Suelen provocar fenómenos visuales: luces parpadeantes, círculos de colores, ceguera breve o ver cosas que no están ahí.

Fáciles de pasar por alto, fáciles de confundir

Como las crisis focales pueden ser silenciosas, se esconden a plena vista. Una crisis focal consciente no parece nada. Una crisis focal con conciencia alterada parece un ensueño, un momento de ausencia o incluso una embriaguez. A los niños se les tacha de distraídos; a los adultos se les dice que ignoraban a la gente. A muchas personas solo se les diagnostica tras su primera crisis tónico-clónica, cuando los episodios más pequeños llevaban años ocurriendo.

Aquí es donde un registro cuidadoso da sus frutos. Anotar cada episodio en Epilepsy Mate —qué se sintió, qué se vio, qué lado del cuerpo, cuánto duró y qué ocurrió justo antes— construye el cuadro que un neurólogo necesita para precisar el tipo de crisis y su región de origen.

Cuándo hablar con tu médico

Habla con tu médico si notas episodios repetidos de tiempo perdido o sensaciones extrañas sin explicación, o si otras personas te describen momentos de ausencia o movimientos automáticos que no recuerdas. Comunica también cualquier cambio en cómo se sienten, se ven o se propagan tus crisis conocidas. Lleva tu registro de crisis y, si puedes, a un testigo. Nunca ajustes ni suspendas tu medicamento sin consejo médico. Y recuerda la regla de emergencia: una crisis que dura más de 5 minutos, o crisis repetidas sin recuperación entre ellas, requiere atención de urgencia inmediata.