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La cirugía de la epilepsia explicada

Epilepsy Mate no es un producto sanitario y no ofrece consejo médico. Consulta siempre a tu médico sobre tu tratamiento.

Las palabras “cirugía cerebral” pueden congelar una conversación. Sin embargo, para algunas personas con epilepsia, la cirugía es el tratamiento con más probabilidades de detener las crisis por completo. Este artículo explica a quién va dirigida la cirugía, en qué consiste la evaluación, los principales tipos de intervención y qué resultados es realista esperar.

¿Para quién es la cirugía de la epilepsia?

La cirugía se plantea sobre todo en personas con epilepsia focal farmacorresistente. Focal significa que las crisis empiezan en una zona concreta del cerebro. Farmacorresistente significa que al menos dos medicamentos anticrisis bien elegidos, tomados correctamente, no han logrado controlar las crisis.

El candidato ideal tiene crisis que comienzan en un punto identificable, y ese punto puede extirparse o desconectarse sin dañar funciones importantes como el habla, el movimiento o la memoria. No todo el mundo encaja en este perfil, pero encajan muchas más personas de las que llegan a ser evaluadas. Los especialistas en epilepsia coinciden en que la cirugía se utiliza menos de lo debido y en que la gente suele esperar muchos años más de lo necesario. Si los medicamentos no funcionan, preguntar por una evaluación quirúrgica merece la pena antes de lo que muchos creen. Una evaluación no es un compromiso de operarse. Es simplemente una forma de averiguar si la cirugía es una opción para ti.

El recorrido de la evaluación, paso a paso

La evaluación quirúrgica se realiza en un centro integral de epilepsia y, en el fondo, intenta responder a dos preguntas. Primera: ¿dónde empiezan exactamente las crisis? Segunda: ¿puede esa zona extirparse o desconectarse de forma segura?

Los pasos habituales son estos:

  • Monitorización con vídeo-EEG. Permaneces varios días en el hospital mientras un aparato registra tus ondas cerebrales y una cámara graba tu cuerpo. El objetivo es captar algunas de tus crisis habituales para que los médicos vean dónde empiezan y cómo son.
  • Resonancia magnética. Una imagen detallada del cerebro en busca de una cicatriz, una malformación u otra causa visible que coincida con el origen de las crisis.
  • Evaluación neuropsicológica. Una serie de pruebas de memoria, lenguaje y razonamiento. Traza un mapa de tus puntos fuertes y ayuda a prever cómo podría afectarlos una cirugía en una zona determinada.
  • A veces, pruebas adicionales como el PET o la MEG. Miden la actividad o el metabolismo cerebral de distintas maneras y ayudan cuando las primeras pruebas no coinciden del todo.
  • A veces, EEG intracraneal. Si el origen de las crisis sigue sin estar claro, los médicos pueden colocar electrodos directamente sobre el cerebro o dentro de él durante una breve estancia de monitorización. Esto ofrece el mapa más preciso de dónde empiezan las crisis.

Cada prueba añade una pieza al rompecabezas. Cuando todas las piezas señalan la misma zona, y esa zona puede tratarse con seguridad, la cirugía se convierte en una opción real.

Los principales tipos de intervención

La cirugía resectiva es la más frecuente. El cirujano extirpa la pequeña zona de tejido cerebral donde empiezan las crisis. El ejemplo clásico es la lobectomía temporal, que extirpa parte del lóbulo temporal, la región donde comienzan muchas crisis focales. Para las personas con los hallazgos adecuados, esta operación tiene uno de los mejores historiales de la atención a la epilepsia.

La terapia térmica intersticial con láser, abreviada a menudo como LITT, es una opción mínimamente invasiva. En lugar de cirugía abierta, el cirujano guía una fina fibra láser a través de una pequeña abertura en el cráneo y utiliza calor preciso para destruir el foco de las crisis. La recuperación suele ser más rápida, y puede alcanzar algunas zonas profundas difíciles de extirpar con cirugía abierta.

Las intervenciones de desconexión no extirpan tejido. En su lugar, cortan las vías que las crisis utilizan para propagarse. El ejemplo más conocido es la callosotomía, que separa la conexión entre las dos mitades del cerebro. Se usa sobre todo para reducir las crisis con caída, desplomes repentinos que causan lesiones frecuentes.

Cuando la extirpación no es posible, porque las crisis empiezan en más de un lugar o en una zona que controla funciones vitales, la neuroestimulación es la principal alternativa. Pequeños dispositivos implantados emiten suaves impulsos eléctricos para calmar la actividad epiléptica con el tiempo. Estos dispositivos rara vez detienen las crisis por completo, pero pueden reducir de forma significativa su frecuencia y su intensidad.

¿Qué resultados son realistas?

Muchas personas con el perfil adecuado quedan libres de crisis tras la cirugía, y muchas otras mejoran de forma notable. Los resultados son mejores cuando las pruebas señalan con claridad una sola zona, sobre todo en el lóbulo temporal. Pero la cirugía no es una garantía. Algunas personas siguen teniendo crisis, aunque a menudo menos frecuentes o más leves. La mayoría también sigue tomando medicación anticrisis después de la operación, al menos al principio. Los médicos pueden reducirla poco a poco, a lo largo de meses o años, si las crisis no vuelven.

Afrontar el miedo con honestidad

Es una cirugía cerebral, y tenerle miedo es completamente razonable. Conlleva riesgos reales, que tu equipo te explicará en detalle para tu caso concreto. Dos cosas ayudan a poner esos riesgos en perspectiva. Primera: en los centros especializados en epilepsia, estas intervenciones las realizan equipos que las practican con regularidad, con una planificación cuidadosa basada en todas las pruebas descritas antes. Segunda: las crisis no controladas que persisten también conllevan riesgos serios, como lesiones, deterioro de la memoria y la muerte súbita inesperada en epilepsia. La decisión nunca es entre riesgo y ausencia de riesgo. Es una comparación cuidadosa de unos riesgos frente a otros, hecha junto con tu equipo.

Cómo unos buenos registros de crisis apoyan la evaluación

Unos registros detallados refuerzan cada paso de la evaluación. Conviene anotar la frecuencia de las crisis, cómo transcurre cada una de principio a fin, lo que se llama semiología, las señales de aviso o auras que las preceden y cuánto duran. Un vídeo grabado por familiares, solo cuando filmar sea seguro, puede ser especialmente valioso, porque muestra a los médicos exactamente lo que ocurre. Una aplicación de diario de crisis facilita guardar todo este historial en un solo lugar y compartirlo con tu equipo.

Cuándo hablar con tu médico

Si has probado dos medicamentos anticrisis apropiados y sigues teniendo crisis, pregunta a tu médico por una derivación a un centro integral de epilepsia. No estás pidiendo una operación. Estás pidiendo respuestas, y mereces tenerlas cuanto antes.