Desencadenantes comunes de crisis y cómo identificar los tuyos
Muchas personas con epilepsia notan que las crisis son más probables en ciertos momentos: después de una noche corta, durante una semana estresante o cuando se olvida una dosis del medicamento. Estas circunstancias se llaman desencadenantes, y aprender a reconocer los tuyos es uno de los pasos más prácticos que puedes dar para controlar mejor tus crisis.
Qué es un desencadenante y qué no es
Un desencadenante es cualquier cosa que aumenta la probabilidad de una crisis en alguien que ya tiene epilepsia. Los desencadenantes no causan la epilepsia en sí. Una forma de imaginarlo: el cerebro tiene un umbral de crisis, un nivel de resistencia que normalmente mantiene las crisis a raya. Un desencadenante baja ese umbral de forma temporal, y la crisis se vuelve más probable. No todas las crisis tienen un desencadenante evidente, y encontrarte con un desencadenante no garantiza que vaya a producirse una crisis.
Los desencadenantes no son lo mismo que las causas
La causa de la epilepsia es lo que llevó a la enfermedad en primer lugar: por ejemplo, una tendencia genética, un traumatismo en la cabeza, un ictus (accidente cerebrovascular) o una infección. En aproximadamente la mitad de los casos nunca se encuentra una causa. Un desencadenante, en cambio, es una circunstancia de corta duración que hace más probable una crisis aquí y ahora. Normalmente no puedes cambiar la causa, pero sí puedes hacer algo con tus desencadenantes.
Olvidar el medicamento
Saltarse dosis del medicamento anticrisis es el desencadenante más común de todos. Estos medicamentos funcionan manteniendo un nivel estable del fármaco en el cuerpo. Cuando se salta una dosis, ese nivel baja, y la protección baja con él, a veces tras una sola dosis olvidada. Las rutinas simples ayudan: tomar las pastillas en el mismo momento que otro hábito diario, usar un pastillero o poner recordatorios en el teléfono. Si los efectos secundarios o el coste te dificultan seguir el tratamiento, díselo a tu médico en lugar de dejarlo por tu cuenta.
La falta de sueño
Dormir poco es uno de los desencadenantes más potentes y mejor documentados. En muchas personas, las crisis se concentran al quedarse dormidas o al despertar, y una racha de noches cortas las hace claramente más probables. Un horario de sueño regular, acostarse y levantarse más o menos a la misma hora, protege de verdad; no es solo un consejo genérico de bienestar.
El estrés
El estrés es el desencadenante que la gente menciona con más frecuencia. Es difícil de medir y rara vez actúa solo: una época estresante también suele alterar el sueño y desordenar las rutinas, lo que multiplica el efecto. Todo lo que te ayude a desconectar, como el ejercicio, el tiempo al aire libre, los ejercicios de respiración o hablar con alguien de confianza, también puede formar parte del cuidado de tus crisis.
El alcohol y las drogas recreativas
Beber mucho aumenta el riesgo de crisis, y el periodo de abstinencia en las horas y días posteriores es especialmente arriesgado. El alcohol también puede interactuar con los medicamentos anticrisis y arruinar una noche de sueño. Las drogas recreativas, sobre todo los estimulantes como la cocaína o las anfetaminas, pueden desencadenar crisis incluso en personas cuya epilepsia está bien controlada. Si bebes, cantidades pequeñas y a ritmo lento son más seguras; tu médico puede orientarte sobre lo que es razonable en tu caso.
Enfermedad y fiebre
Estar enfermo supone un esfuerzo extra para el cuerpo, y la fiebre, las infecciones y la deshidratación pueden hacer más probables las crisis. Los vómitos y la diarrea añaden otro problema: pueden impedir que el medicamento se absorba correctamente. Si no consigues retener tu medicamento durante una enfermedad, consulta a tu médico o farmacéutico.
Los cambios hormonales
Algunas mujeres notan que sus crisis se agrupan en ciertos puntos del ciclo menstrual. Este patrón se llama epilepsia catamenial y refleja el efecto de las hormonas estrógeno y progesterona sobre la excitabilidad del cerebro. Los cambios hormonales de la pubertad, el embarazo y la menopausia también pueden modificar la frecuencia de las crisis. Si observas un patrón mensual, merece la pena registrarlo y comentarlo.
Las luces intermitentes
Las luces intermitentes son el desencadenante más famoso y uno de los menos frecuentes. Solo una pequeña minoría de las personas con epilepsia, alrededor de 3 de cada 100, tiene epilepsia fotosensible, en la que una luz que parpadea o destella puede provocar una crisis. Si no eres fotosensible, las pantallas, las películas y los videojuegos no suponen un riesgo especial para ti. Si lo eres, tu equipo médico puede aconsejarte precauciones prácticas.
Los desencadenantes son personales y suelen combinarse
No hay dos personas con el mismo perfil de desencadenantes: lo que precede con regularidad a las crisis de una puede no afectar en nada a otra. Además, los desencadenantes tienden a llegar juntos. Una semana estresante lleva a dormir mal, dormir mal lleva a olvidar una dosis, y la crisis que sigue tiene tres desencadenantes, no uno. Por eso muchas veces es difícil señalar una única explicación.
Cómo identificar tus propios desencadenantes
La forma fiable de identificar los desencadenantes es anotarlo todo. Después de cada crisis, apunta la fecha y la hora, cómo dormiste, cuánto estrés sentías y si tomaste todas las dosis del medicamento. Con las semanas y los meses empiezan a aparecer patrones que la memoria por sí sola pasaría por alto. Una aplicación de diario de crisis como Epilepsy Mate reúne crisis, medicamentos y sueño en un solo lugar, lo que hace esos patrones más fáciles de ver y de enseñar a tu neurólogo. Una advertencia: nunca pongas a prueba un desencadenante sospechoso saltándote a propósito el medicamento o el sueño.
Cuándo hablar con tu médico
Habla con tu médico si tus crisis se están volviendo más frecuentes, si sospechas de un nuevo desencadenante o si los efectos secundarios te dificultan tomar el medicamento tal como está recetado. Lleva contigo tu diario: un registro claro de las crisis y los posibles desencadenantes ayuda a tu médico a ajustar el tratamiento mucho mejor que la memoria. Y nunca cambies ni dejes tu medicamento sin consejo médico, aunque creas haber encontrado el desencadenante decisivo.